Muere Jimmy Webb, último estilista del punk neoyorquino | Cultura


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Jimmy Webb, en el CBGB en Nueva York en 2013.
Jimmy Webb, en el CBGB en Nueva York en 2013.Theo Wargo

No sabía cantar. Ni tocar ningún instrumento. Pero se le recordará siempre como uno de los personajes clave de la escena punk en Nueva York. Fallecido este martes a los 62 años por causas aún no determinadas -aunque se sabe que llevaba dos años luchando contra un cáncer-, Jimmy Webb fue uno de los más celebrados estilistas de las últimas dos décadas, además de amigo, consejero y lo que hiciera falta de figuras como Iggy Pop, Henry Rollins, Duff McKagan (Guns n’Roses), Ace Frehley (Kiss) o Chris Stein (Blondie). “Todas las botas de tacón cubano que compré entre 1987 y 2011 se las compré a Jimmy”, tuiteó la noche del martes Sebastian Bach, líder de la banda de hard rock Skid Row.

Antes de convertirse en el alma y la imagen de Trash & Vaudeville, la célebre tienda de ropa punk del neoyorquino East Village en 1999, Webb fue un niño con problemas y un joven con adicciones. A los 16 años dejó el colegio en su Wynanstkill (Nueva York) natal, se enroló en una universidad pública en Connecticut y, antes de poder presentarse al primer examen, ya se había cansado. Metió todas sus pertenencias en una funda de almohada y aterrizó en Nueva York en 1975. Justo ese año abría sus puertas en el corazón del muy roquero St Marks, Trash & Vaudeville, que pronto se conocería como el equivalente en la Gran Manzana de la tienda Sex que Vivienne Westwood y Malcolm McLaren regentaban en Londres y desde la cual hicieron detonar el punk. Webb pidió trabajo, pero no se lo dieron. Iba demasiado colocado. Mató el tiempo sirviendo cócteles en bares gais, bailando por las esquinas y echándose a perder. 24 años después, ya limpio, logró el puesto. En menos de un año le hicieron relaciones públicas, encargado y jefe de compras de la tienda.

“Si los pantalones no te duelen, no sirven, no son rock and roll”. Así explicaba uno de los pilares de su filosofía estética a la revista New Yorker en 2007. Webb siempre creyó que la clave de la imagen del rock se halla en los pantalones, algo que supo transmitir no solo a su clientela habitual, sino también a celebridades pop como Justin Bieber o Beyoncé, para quienes ejerció de estilista. Vogue le calificó como el el dependiente oficial del rock, cargo que ostentó en Trash & Vaudeville hasta que en 2017 decidió abrir su propio negocio, I Need More. A la inauguración acudieron decenas de estrellas y amigos de Jimmy, un tipo que logró ser parte de una escena y tener en su agenda de contactos a David Johansen de New York Dolls o a Debbie Harry, pero a la vez esconder unos pantalones en la trastienda para un chaval que se había enamorado de ellos pero aún no tenía dinero suficiente para comprarlos. Jimmy Webb fue lo que en inglés se llama un scenster, que sería algo así como un tipo que forma parte de la escena, aunque muchas veces no se sabe, ni se quiere saber exactamente qué papel juega en esa escena. En su caso estaba claro y, a diferencia de casi todos los que han sido calificados así en la historia del rock, logró infiltrarse sin ser ni un caradura ni un arribista. Sino un tipo capaz de declarar en la revista Vogue que claro que se puede ir a la oficina con pantalones sadomaso: solo hay que arrancarles las correas.

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